[7r] [...]

Capitulo cuarto. De las

letras i pronunciaciones de la lengua latina.

 

[...] De veinte i tres figu-

ras de letras que estan en el uso del latin (a, b, c, d, e, f,

g, h, i, k, l, m, n, o, p, q, r, s, t, u, x, y, z), las tres (c, k, q) ti-

enen un sonido i, por consiguiente, las dos dellas son ocio-

sas. I presupongo que sean la k, q. I que la x no es ne-

cessaria porque no es otra cosa sino breuiatura de cs.

I que la y griega i la z solamente son para las diciones

griegas. I que la h no es letra sino se˝al de espiritu i so-

plo. Tambien, por el contrario, dezimos que faltan dos voca-

les, como mas largamente lo disputÚ en otro lugar: una

 

[7v] que suena entre e, i otra que suena entre i u. Las cua-

les porque en el latin no tenian figuras, ni desde la ni˝ez

nosotros acostumbramos a las pronunciar, agora en nin-

guna manera las podemos formar ni sentir i mucho.

Menos hazer diferencia entre la i iota i la y sotil siendo

tanta cuanta puede ser maior entre dos vocales. Faltan assi

mesmo dos consonantes, las cuales representamos por

i u cuando no suenan por si mas hiriendo las vocales. I

entonces dexan de ser i u i son otras cuanto a la fuerša, mas

no cuanto a la figura. Porque no puede ser maior distancia

entre dos letras que sonar por si o sonar con otras. I assi

como diximos que la c, k, q son una letra porque tienen una

fuerša, assi por el contrario dezimos agora que la i, u

son cuatro, pues que tienen cada dos fueršas. Porque

la diversidad de las letras no esta en la diversidad de

las figuras, mas en la diuersidad de la pronunciacion, y

porque, como dize Plinio en el libro septimo de la istoria

natural, los latinos sienten en su lengua la fuerša de

todas las letras griegas. Veamos cuantas son las diuer-

sidades de las bozes que estan en el uso del latin. I dezi-

mos que son por todas veinte i seis: ocho vocales (a, e, i,

o, u, y griega, con las otras dos cuias figuras diximos

que faltavan en el latin, i diez ocho consonantes (b, c, d, f,

g, l, m, n, p, r, s, t, z, la i u cuando usamos dellas como

de consonantes, i en las diciones griegas tres consonan-

tes que se soplan ch, ph, th. Assi que por todas son las veinte

y seis pronunciaciones que diximos: a, b, c, ch, d, e, f, g,

i, i consonante, l, m, n, o, p, ph, r, s, t, th, u, u consonan-

te, y griega, z, i las dos vocales de que arriba diximos.

Llamaronse aquellas ocho vocales porque por si mesmas

tienen boz sin se mezclar con otras letras. Llamaronse las

otras consonantes porque no pueden sonar sin herir

las vocales. Estas se parten en doze mudas (b, c, ch,

d, f, g, p, ph, t, th, mas i, u consonantes) i en seis semivo-

 

[8r] cales (l, m, n, r, s, z). Mudas se dizen aquellas porque

en comparacion de las vocales quasi no tienen sonido

alguno. Las otras semivocales porque en compara-

cion de las mudas tienen mucho de sonoridad. Lo

cual acontece por la diversidad de los lugares donde

se forman las bozes. Porque las vocales suenan por

si no hiriendo alguno de los instrumentos con que se for-

man las consonantes, mas solamente colando el espi-

ritu por lo angosto de la garganta, i formando la di-

versidad dellas en la figura de la boca. De las mudas

la c, ch, g apretando o hiriendo la campanilla mas o

menos, porque la c suena limpia de aspiracion, la ch

espessa i mas floxa, la g en media manera, porque

comparada a la c es gruessa, comparada a la ch es so-

til. La t, th, d suenan expediendo la boz puesta la

parte delantera de la lengua entre los dientes apretan-

dola o afloxandola mas o menos, porque la t suena

limpia de aspiracion, la th floxa i espessa, la d en me-

dio, porque comparada a la th es sotil, comparada a

la t es floxa. La p, ph, b suenan expediendo la boz

despues de los bešos, apretados mas o menos, porque

la p suena limpia de aspiracion, la ph espessa, la b en

medio, porque comparada a la ph es sotil, compara-

da a la p es gruessa. La m suena en aquel mesmo

lugar, mas por sonar hazia dentro suena escuro, maior-

mente, como dize Plinio, en fin de las diciones. La f

con la v consonante puestos los dientes de arriba so-

bre el bešo de baxo i soplando por las helgaduras de-

llos, la f mas de fuera, la v mas adentro un poco.

Las medio vocales todas suenan arrimando la len-

gua al paladar, donde ellas pueden sonar mucho, en

tanto grado que algunos pusieron la ren el numero

de las vocales, i por esta razon podriamos poner la

i consonante entre las semivocales. De donde se con

 

[8v] vence el manifiesto error de los que assi pronuncian la ch

como la c cuando se siguen a, o, u, i como la pronunci-

an falsamente en el castellano cuando se siguen e, i la

th como la t, la ph como la f, la t cuando se sigue i

y despues de la i otra vocal, assi como la c. I por el con-

trario los que en otra manera pronuncian la e g cuan-

do se siguen a, o, u que cuando se siguen e, i. I los que

assi pronuncian la i griega como la latina, como mas

copiosamente lo provamos en otro lugar.

 

Capitulo quinto. De las letras i pronunciaciones

de la lengua castellana.

 

Lo que diximos en el capitulo passado de las

letras latinas: podemos dezir en nuestra len-

gua: que de veinte i tres figuras de letras

que tenemos prestadas del latin para escrivir el caste-

llano solamente nos sirven por si mesmas estas doze:

a, b, d, e, f, m, o, p, r, s, t, z; por si mesmas i por otras es-

tas seis: c, g, i, l, n, u; por otras i no por si mesmas estas

cinco: h, q, k, x, y. Para maior declaracion de lo

cual avemos aqui de presuponer, lo que todos los que

escriven de orthographia presuponen: que assi tene-

mos de escrivir como pronunciamos, i pronunciar co-

mo escrivimos, porque en otra manera en vano fue-

ron halladas las letras. Lo segundo, que no es o-

tra cosa la letra sino figura por la cual se representa la

boz i pronunciacion. Lo tercero, que la diversi-

dad de las letras no esta en la diversidad de la figura si-

no en la diversidad de la pronunciacion. Assi que conta-

das i reconocidas las bozes que ai en nuestra lengua, halla-

remos otras veinte i seis: mas no todas aquellas mes-

mas que diximos del latin. a las cuales de necessidad

an de responder otras veinte i seis figuras, si bien i dis-

tintamente las queremos por escriptura representar.

 

[9r] Lo cual por manifiesta i suficiente inducion se prueva

en la manera siguiente. De las doze letras que diximos

que nos sirven por si mesmas no ai duda sino que re-

presentan las bozes que nosotros les damos. I que la

k, q no tengan oficio alguno pruevase por lo que di-

ximos en el capitulo passado: que la c, k, q tienen un

oficio, i por consiguiente las dos dellas eran ociosas.

Porque de la k ninguno duda sino que es muerta, en

cuio lugar como dize Quintiliano sucedio la c, la cu-

al igualmente trespassa su fuerša a todas las vocales

que se siguen. De la q no nos aprovechamos sino

por voluntad, porque todo lo que agora escrivimos

con q podriamos escrivir con c, maiormente si a la c

no le diessemos tantos oficios cuantos agora le da-

mos. La y griega tampoco io no veo de que sirve,

pues que no tiene otra fuerša ni sonido que la i lati-

na, salvo si queremos usar della en los lugares donde

podria venir en duda si la i es vocal o consonante,

como escriviendo raya, ayo, yunta. Si pusiessemos i

latina diria otra cosa mui diversa: raia, aio, iunta. Assi

que de veinte i tres figuras de letras quedan solas o-

cho, por las cuales agora representamos quatorze pro-

nunciaciones, multiplicandoles los oficios en esta ma-

nera. La c tiene tres oficios: uno proprio cuando

despues della se siguen a, o, u, como en las primeras letras

destas diciones: cabra, corašon, cuero. Tiene tambien dos

oficios prestados: uno cuando debaxo della acostumbra-

mos poner una se˝al que llaman cerilla, como en las prime-

ras letras destas diciones: šarša, ševada, la cual pronunci-

acion es propria de judios i moros, de los cuales, cuanto io

pienso, las recibio nuestra lengua, porque ni los griegos, ni lati-

nos que bien pronuncian la sienten ni conocen por suia. De ma-

nera que pues la c, puesta debaxo aquella se˝al, muda la

substancia de la pronunciacion: ia no es c sino otra letra,

 

[9v] como la tienen distinta los judios i moros, de los cua-

les nosotros la recebimos (cuanto a la fuerša, mas no

cuanto a la figura que entrellos tiene). El otro oficio

que la c tiene prestado es cuando despues della pone-

mos h, cual pronunciacion suena en las primeras le-

tras destas diciones: chapin, chico. la cual assi es pro-

pria de nuestra lengua, que ni judios, ni moros, ni grie-

gos, ni latinos la conocen por suia. Nosotros escrivi-

mos la con ch, las cuales letras como diximos en el ca-

pitulo passado tienen otro son mui diverso, del que nos

otros le damos. La g tiene dos officios, uno pro-

prio, cual suena, cuando despues della se siguen a, o, u,

otro prestado cuando despues della se siguen e, i, co-

mo en las primeras letras destas diciones: gallo, gen-

te, giron, gota, gula. La cual, cuando suena con e, i assi

es propria de nuestra lengua, que ni judios, ni griegos,

ni latinos la sienten, ni pueden conocer por suia, salvo

el morisco, de la cual lengua io pienso que nosotros la

recebimos. La h no sirve por si en nuestra lengua,

mas usamos della para tal sonido cual pronunciamos

en las primeras letras destas diciones: hago, hecho, la

cual letra, aunque en el latin no tenga fuerša de letra,

es cierto que como nosotros la pronunciamos hirien-

do en la garganta, se puede contar en el numero de las

letras, como los judios i moros, de los cuales nos o-

tros la recebimos, cuanto io pienso, la tienen por letra.

La i tiene dos officios, uno proprio cuando usamos

della como de vocal, como en las primeras letras des-

tas diciones: ira, igual, otro comun con la g, porque cu-

ando usamos della como de consonante, ponemosla

siguiendose a, o, u, i ponemos la g si se siguen e, i, la cu-

al pronunciacion como diximos de la g es propria nuestra i del

morisco, de donde nosotros la pudimos recebir. La

l tiene dos officios, uno proprio cuando la ponemos sen-

 

[10r] zilla, como en las primeras letras destas diciones: lado,

luna, otro ageno cuando la ponemos doblada i le da-

mos tal pronunciacion cual suena en las primeras letras

destas diciones llave, lleno, la cual boz ni judios, ni mo-

ros, ni griegos, ni latinos conocen por suia. Escrivi-

mosla nosotros mucho contra toda razon de orthogra-

phia, porque ninguna lengua puede sufrir que dos letras

de una especie puedan juntas herir la vocal, ni puede la

l doblada apretar tanto aquella pronunciacion para que

por ella podamos representar el sonido que nosotros le

damos. La n assi mesmo tiene dos oficios, uno pro-

prio cuando la ponemos senzilla, cual suena en las pri-

meras letras destas diciones: nave, nombre, otro ageno

cuando la ponemos doblada o con una tilde encima, co-

mo suena en las primeras letras destas diciones: ˝udo,

˝ublado, o en las siguientes destas: a˝o, se˝or, lo cual

no podemos hazer mas que lo que deziamos de la l. do-

blada. Ni el titulo sobre la l puede hazer lo que nosotros

queremos, salvo si lo ponemos por letra, i entonces ha-

zemosle injuria en no la poner en orden con las otras

letras del a b c. La u, como diximos de la i, tiene dos

oficios, uno proprio cuando suena por si como vocal, assi

como en las primeras letras destas diciones: uno, uso,

otro prestado cuando hiere la vocal, cual pronunciacion

suena en las primeras letras destas diciones: valle, ven-

go. Los gramaticos antiguos en lugar della ponian el

digama eolico que tiene semejanša de nuestra f, i aun en

el son no esta mucho lexos della. Mas despues que la f

succedio en lugar de la ph griega, tomaron prestada la

u i usaron della en lugar del digama eolico. La x

ia diximos que son tiene en el latin, i que no es otra cosa si-

no breviatura de cs. Nosotros damosle tal pronuncia-

cion cual suena en las primeras letras destas diciones:

xenabe, xabon, o en las ultimas de aquestas: relox, balax,

 

 

[10v] mucho contra su naturaleza. porque esta pronuncia-

cion como diximos es propria de la lengua araviga,

de donde parece que vino a nuestro lenguaje. Assi

que de lo que avemos dicho se sigue i concluie lo que

queriamos provar, que el castellano tiene veinte i seis

diversas pronunciaciones, i que de veinte i tres le-

tras que tomo prestadas del latin, no nos sirven lim-

piamente sino las doze, para las doze pronunciacio-

nes que traxeron consigo del latin, i que todas las o-

tras se escriven contra toda razon de orthographia.